jueves, 9 de noviembre de 2017

Mujeres poetas se encuentran en Cereté



Cada año, hay una fuerza especial que Lena Reza, Irina Enriquez, Lina López, Vianny, Maria V. y todos en el equipo de ángeles clandestinos juntan para que sea posible que las mujeres le digan poesía a Cereté y sus alrededores, en el norte de Colombia. Hablar de poesía es hablar de cambio y, en un país que tiende más hacia la conservación del statuo quo que a la transformación de las costumbres, significa provocar una sublevación espiritual. El encuentro de mujeres poetas de Cereté dialoga con una cultura con grandes dejos machistas y acompaña con un impulsito de certeza a las mujeres y hombres que intentan levantar la voz por la renovación y respirar nuevos aires.

Con la poeta y organizadora del Encuentro de mujeres poetas, Irina Enriquez, en Montería.



Lo cierto es que las mujeres poetas vienen a revelar su naturaleza divina a Cereté. Y quizá sin hombres aprobando o desaprobando lo que piensa y dice una poeta, se siente un aire de libertad para hablar, pensar y ser. Así, el encuentro logra que la mujer poeta despliegue todo su conocimiento ancestral y lo haga, como dicen aquí, de verdad verdad.

Una mujer poeta ha despertado su sabiduría y por tanto su poder y esto no lo resiste la cultura dominante. No sólo las poetas y artistas sino las científicas, las exploradoras, las empresarias, las líderes, en general descubren su poder apabullado por milenios de patriarcado. Pero, las poetas, por su oficio de poetas, llegan a las fuentes primordiales de todos los asuntos y desentrañan las palabras y gestos iniciales de los seres humanos. Las mujeres poetas encuentran esa conexión radical con las imágenes constitutivas de su cultura y desde allí emiten su voz propia. No es de extrañar que la voz de una mujer poeta conmueva de la raíz a la punta la cultura ni que la respuesta a ella sea la invisibilidad y la indiferencia.

Con la poderosa Lena Reza, directora del Encuentro. 


Colombia es cada día más machista pero tiene cada día mejores escritoras. La selección de mujeres poetas que viene a Cereté cada año es exquisita. En este encuentro de poesía las mujeres poetas se hacen escuchar. Es un ejercicio de combate poético, una incursión de la poesía en uno de los corazones de la violencia. Las voces de la poesía son emitidas, el pueblo escucha y se sobrecoge, piensa, trasciende por instantes. Quizá el eco de estas voces se vaya aminorando con los días; sin embargo, gracias al esfuerzo de Lena y de los ángeles clandestinos, se habrá de renovar cada año.



Quizá la batalla mejor ganada sea que del Encuentro, las poetas salen creyendo más en ellas mismas. Se afirman en la grandeza de su tarea. La lucha por la poesía ha sido inconmensurablemente dura, pero su fruto en ocasiones se hace dulce, pues la poesía sonríe y celebra a la mujer poeta que le presta su sangre. 

Con Pablo Jiménez, mi amor, y con niñas (un niño) estudiantes que, después de oír a las poetas, declararon públicamente querer ser poetas en San Pelayo, Córdoba.

Mesa de pura sabiduría, humor y gracia divina. De izq a der:  Carmen Cecilia Morales, Fabiola Delgado, Ivethe Noriega, Perla Rivera, Clara Schoenborn, Nora Carbonell, Rocío Cardoso. Acompañamos a las sabias Alfredo Villegas y yo, de rosado. Foto: Pablo Jiménez


Con Ana Paternina, joven representante de la gran cultura de San Palayo, Córdoba



Atardecer en el Sinú, II. Lorica, Córdoba, 2017

Atardecer en el Sinú, Pablo amado. Lorica, Córdoba, 2017

miércoles, 5 de julio de 2017

Lo que se llama libertad


  

Lo que se llama libertad

Angye Gaona
2016




Voz y ojos —¿no es esto lo que se llama libertad?
Yannis Ritzos




Estrellas negras



En una estrella negra llamada prisión
Guardaron a Óscar Tordecilla y a miles
¿A dónde lleva la prisión toda luz sino es al pasado?
Las paredes tienden a caerse sobre la cabeza
En una estrella negra llamada Tramacúa hacen falta grandes cantidades de energía negativa de un tipo que no se conoce afuera
Que son 40 grados a la sombra
Que no hay agua potable de propósito
Que sólo salen excrementos por las ventanas y hombres desahuciados

En una estrella negra guardaron a Óscar y a miles, con boleto de entrada pero jamás de salida
De un agujero negro no se sale más que desgarrado
La prisión deforma el tiempo y el espacio
Todo lo que entra allí se fragmenta por puro despojo

En una estrella negra, plagada de enemigos, guardaron a Óscar Tordecilla, explosivista
Si pudiera prepararía una última bomba
Una bomba que creara una fuerza más veloz que la luz
Una fuerza enorme que destruyera la materia toda
Y consumiera el agujero desde adentro



El frío en la isla


Si tan sólo Ramón Emilio, muriera de viejo un día en el Chocó. Si pudiera devolverse la lava que asciende por un cráter y a una orden se durmieran los volcanes.
Todo volcán es irreversible, sabían sus compañeros. Hay un volcán en su estómago, advirtieron. La úlcera ha explotado, vomita sangre, gritaron.
Pero hubo que esperar a que el frío fraguara la sangre y la lava. Trece días de desatención médica, trece días de acidez de las lavas y la cólera consumiendo la vida. Hubo que aguardar a que el frío consolidara la isla que dejó la erupción.
El frío mayor llegó primero a asistir a Ramón. El frío, centinela de la muerte, es el único que no abandona a los presos en Cómbita.
Todo volcán es irreversible, dijeron sus compañeros, encendiendo fumarolas. Si tan sólo Ramón Emilio muriera de viejo mañana en Istmina. Si el dolor y la lava en torno al cuerpo de Ramón juntara a las cárceles como a islas, con un solo rugido, sublevándonos a todos, dijeron.


Antes de la abolición



Encadenado el héroe a las Montañas Rocosas, Simón, se figura que la paz lo espera más allá de la muerte. Pero, él nunca muere, fíjate. La vida es una fortuna antigua que el héroe robó y repartió entre los hombres. Te consta que el crimen mayor es la bondad: nada es más repulsivo al tirano que respira celo con el estómago ovillado.
Esperanzado el héroe asume, Simón, la reposición de sus vísceras tras el ataque del águila. De noche o de día hace su propia luz, la que será fuente para las jornadas de escasez en los páramos, a los que escalan. Lo alcanzarán las manos y las picas, lo habrán de liberar héroes más fuertes. El más fuerte apunta ya al águila y la abate, Simón.
Encaminado el héroe a la liberación, detiene el paso del tiempo sobre él: antes de la paz, esa última batalla lo acoge como un regazo oscuro.



En la caverna del odio



No nos odie, Capitán. Usted está tan preso como nosotros. Vamos, hagamos una cita en las afueras del penal. A la salida usted verá que somos iguales.
Afuera hay una luz, ¿sabe? A esta luz cantaron los pensadores y poetas; ellos quisieron despertarnos, sacarnos de la caverna del odio. Afuera hay una luz que espera por usted y por nosotros. Todos. Vamos, anulemos las distancias, Capitán. Ninguno es culpable, somos uno.
Acá en la caverna, nos hicimos uno por acción del odio. Nos cubre el mismo impedimento. Allá afuera, somos uno por acción de la luz. Ya no hay lugar a la separación porque para todos salió el Sol, Capitán.









Reiteraciones


A un foso con leones también llevaron a David, defensor de Derechos Humanos. Dieciocho leones hambrientos asediaron su corazón. Uno tras otro husmearon su humanidad y como a Daniel, ninguno le hizo daño.
El Imperio es uno solo desde Babilonia. El oprobio igual, no es un descubrimiento.
El gobernante sumerio ante el cual el profeta Daniel no se inclinó, es tan inicuo como aquel sobre el que David levantó su denuncia.
Redes de militares asesinaron más de cien personas en Barrancabermeja, dijo David. El alcalde es un paramilitar que ordenó la muerte de un periodista, dijo.
Pasan los milenios y los sátrapas no encuentran algo más por hacer que involucrar inocentes en asuntos tortuosos.
¡Acúsenme!, escribe David, en poesía, y su vara florece. El tallo de la verdad se dobla pero jamás se parte, dice en televisión desde la cárcel.
Conversan con ángeles los felices y los justos se amistan con leones.













Archivo de diosas olvidadas



Las perversas, las propietarias del asco público, las apartadas, producimos la propia, la turbia luz. Ninguna luz de afuera incide sobre nosotras.
Destilan humos y ruidos y envidias como redes, unas sobre otras. Sobre la espera de grasa gruesa que llevan tatuada.
Y se lavan, y se lavan compulsivas por una lluvia, conjuro de sus lágrimas ahogadas.
Nos sabemos un archivo de diosas olvidadas.
En conserva, nuestro secreto de cuando mujeres: aquel misterio ahora condensado en cubículos, jugando con sus espejos -clandestinos-, sus cuchillos de variado material.
Cuando el ánimo amanece de día cerrado, cuando la tormenta, ha de rodar la fortuna afilada sobre los vientres y las mejillas.
Luego, los azules. ¡Los pájaros negros, mujeres! Que nos encuentran la humanidad, la llaga.
¡No reclamemos nada! Acaso, ¿hubo algo que se nos diera, hubo algo?
Marcadas con el signo que el deseo proscribe, desfilan atadas mas inocentes todas. Que la culpable anda suelta y gobierna. La loca, la rica, detestable la más, a quien no iremos en venganza con escobas.
Pero, así como llega, pasa la tormenta. Retornan al suelo los traseros sagrados de las diosas olvidadas que bostezan, tejen, decoran la tela monótona, blanquean pacientes el veneno, penan bajo la vitrina repitiendo letanías.
Las apartadas practican esas sus risas ácidas unas frente a otras.
Posamos para el mal hado en cámara lenta.



Últimas



Hay un cabo que nos trata mejor. Es el que viene a llevarnos a talleres. Las que están listas para salir, se forman y, una a una, las dejan salir del patio. Las vírgenes necias, la mayoría aquí, se demoran y entonces él grita ¡Últimas! y así las que faltan se apresuran.
Una vez llegó y yo dormía. En el patio, descansamos en el suelo, sobre sábanas color crema. El cabo gritó ¡Últimas! y sonó su voz en mi sueño. Sí, la última soy yo, déjenme, quiero serlo, es mi deber. No disputo lugar alguno, la última soy yo. Enciendan mi penacho emplumado. Llevo un mechero que no se extingue. La última y la propulsión, ya lo saben, soy yo.
¡Últimas, últimas de ascenso en espiral! Las que quieran salir, ¡vengan a bordo!, tomen mi nave y escapen, las últimas.


2 de febrero de 2011


Antes de la abolición



1
Cada mañana el encierro recita de memoria la misma canción. Sus notas caen como espinas a la sien. Así como se incrustan en los ojos las advertencias punzantes que coronan al Cristo en la pared del salón de clases.
La vertical, la horizontal les enseñaré hoy, piensa la maestra.
Tras la retahíla que prepara cada día yace la trampa universal: La abscisa y la ordenada, la vertical y horizontal, universales; su medida, su tensión, distribuidas con minuciosidad sobre las sienes, los lagrimales, los nervios de toda la población.
La vertical, la horizontal les enseñaré, dice.

2

A veces, siento que siempre estuve aquí. Distante a mí misma, como al esplendor de las hojas de un único árbol y a su sombra que se escapa entre la noche con el deseo de la fruta.
La noche viene temprano y demasiado temprano se marchan. Me asomo a esperarla por el calado. A la noche, que riega su tinta mínima en la cabeza como un bálsamo.
El día, en cambio, se queda y procura ser recordado.

3

Meses después, he visto a la Luna. Cruzó por el calado en cuarto menguante. Así como a ella vemos a los visitantes, cortos y apenados.
Nada consuela el nexo perdido, la raíz abandonada, las vías quebradas de la sangre.

4

Tienes cinco minutos para cambiar de celda, de casa, de territorio. Saca tus cosas de tu casa y disponte a cambiarte a otra en cinco minutos.
Entran los pájaros negros y ordenan cambio de celda. Colchones, ropa limitada, todo lo que puede despertar apegos en un lugar en que se pierde hasta el espacio y el tiempo propios. Las compañeras ayudan a recoger. Se anuda ahí la sonrisa, algún recuerdo.
En cinco minutos, ya será otra vida en otra celda, en otro pabellón, en otra ciudad, en otro país, nunca se sabe.

5

Está bien, lo admito, soy una bandera. Pero también soy el brazo desnudo, ardiente y peligroso, sin vergüenza.
Está bien, lo admito, encendí la bengala. Es que la noche se hizo muy negra y sin esta luz no hubieran logrado cruzar los críos hasta el amanecer

6

La única ley que se cumple es la grieta, la arruga por la que se hunden los regímenes.
No lo olvides.
Ahora, desátame. Y continuemos




Acerca del reino que posees


María Isela cuidaba un pozo desde niña. Era su tarea. Que nadie toque el agua jamás, le habían advertido. Lo malo es que ella no preguntó si ella misma podría beber.
Los años pasaron. Con ellos vinieron la sed y las sequías.
María Isela cumplió todo el tiempo con el cuidado del pozo, rigurosa.
Nunca nadie conoció, ni ella misma siquiera, el agua del pozo que guardaba. Sin embargo, ella nunca murió. Nunca murió de sed.


Pequeña dueña del sueño


A Josefina le dicen La Chiqui. Es una mujercita con el ánimo herido, de metro y medio de estatura.
A su dolor, brindo palabras de miel. Chiquita: una gota de oro se oculta en su entrecejo. Los pájaros confían en sus manos. Para ella es que existen los secretos del viento, los guarda cada uno en sus largos bucles castaños.
Sueña Chiquita, bailando con su amor por los caminos. A él se lo llevó la guerra, en un combate. Chiquita: palabras de miel que la alcancen al vuelo.
Uno de sus ojos se fija en el dolor. Otro, en la dicha. Mira por el objetivo. Chiquita: uno solo es su amor. Y atina. Atina siempre su flecha de oro.


No es una mujer esta criatura


Un árbol en mitad del pueblo florece en temporada de sombra. ¿Qué extraordinario ardor, qué vigencia de centro lo sostiene en fortalezas y alturas?
Una sola de sus ramas alienta al pueblo oscurecido. Una rama furiosa y roja
atizada de semillas.
Amanece. La luz surge en todos lados, ineluctable.
Un árbol rojo florece en silencio en mitad del pueblo.


Trece titanes liberados



La Tierra pena por sus hijos. Acaban de nacer y ya son remitidos al infierno. Las prisiones del mundo se llenan de jóvenes. La Madre llama a sus pequeños a la sedición.
Trece muchachos en edad de labor se niegan al festín grotesco. Trece titanes hijos de la tierra blanca. De las casas son extraídos a la fuerza. Ellos y sus libros, ellos y algunos indicios de su lucidez. 
Trece titanes en el Tártaro toleran la tortura. Como Las Trece Rosas de Madrid, son liberados por el tiempo. El tiempo despeja su resplandor. Los manantiales en el territorio les corresponden.


El arquitecto que dibujó la prisión de máxima seguridad conoce el primer círculo del infierno


Es jueves, de mañana. Y el arquitecto entra al círculo. Salen a su encuentro La Pitu y Japonesa, con sus mejores trajes, estrenando cargo de recepcionistas.  
Lo desnudan. Hace frío y se apagaron todas las luces para la ocasión. ¡Vamos!, lo animan, camine que aquí le tenemos una sorpresa. Las chicas conducen al arquitecto a un pasillo y van abriendo las celdas. Puede escoger la que quiera; a dónde vaya lo esperan las mismas cuatro planchas de cemento, en los tres metros por cuatro.
De los sanitarios de metal en cada celda brotan excrementos sin pausa. En algunos se ocultaron alimentos y la llave para salir al próximo círculo.
La Pitu, jaladora de carros y Japonesa, ladrona de carteras, cierran una esclusa en la sombra y se alejan, soltando risotadas.


Canto propio


De José decían que se enseñoreaba en el espíritu. Observa Carlos, y canta al amanecer en su prisión, como José. Se despiertan todos y te imponen el sueño, lo sé.
José, es vendido por sus hermanos. Tú a cambio de esta soledad entregas un canto al hombre, de fina altura.
Nadie cree a José, todos desdicen de su paz. Otros buscan menguar la tuya, Carlos, en tanto tú coreas la armonía.
José lee los sueños de los prisioneros. Tú los levantas con el canto como el Sol.








Vueltas a la muerte

Mátame o haz de mí lo que quisieres”
Nezahualcóyotl.

No le dé más vueltas a la muerte, señoría. Hemos venido a que disponga de nuestra vida, de una vez.
Mire, Jesús Velandia, un campesino, está muriendo en la sección de sanidad. Así sucede a un hombre y a otro en los últimos años; aquí están sus nombres, aquí, sus números de tarjeta delincuencial. Y hay quien cree que en esta nación no existe la pena capital.
No hay hombres más inocentes o culpables que otros. De suerte que mátenos ahora, o haga de nosotros lo que quiera.


Media genialidad



Galileo no fue a la cárcel, profe, nada más estuvo confinado en su casa por el resto de su vida. Obligado a no hablar, a no decir ni maldecir. Se quemaron sus libros también. Fue condenado a retractarse por la eternidad. A usted lo abruman con prisión y lleva sus libros a la cárcel, hace colecciones de insectos, lee en voz alta.
A Bruno lo quemaron en la mitad de su genialidad. Porque sólo hemos llegado a menos de lo mínimo, profe. Alguna vez iremos a por más. Si la inteligencia completa sucediera a este hombre o a aquella mujer el gozo por fin sería posible.
Pero, la historia se repite; nada que aprendemos, profe. Usted sigue en prisión y nosotros también.



Muere John Jairo Moreno León, forrado de amarillo


Muere John Jairo Moreno León, forrado de amarillo, como Atahualpa, el Hijo del Sol. Ambos fueron buenos y malos. Habían cumplido con su pena y pagado su rescate diez veces. En traje de oro se va John Jairo a la muerte, como Atahualpa acusado de los males que sus jueces cometieron sobre él.
Más allá de John Jairo y de Atahualpa y de sus jueces y asesinos, estuvo un día la vida. La vida material que quiso ser entendida en su fulgor único. Juntando el oro del mundo podría pagarse alguna vez el rescate de las mentes presas y quizá suceda que se abolan las prisiones, las monedas, las economías de mercado, los asaltantes, los ministros, antes de que la desaparición espectacular de todos los orgullosos hijos del sol.

lunes, 11 de agosto de 2014

Jayne Cortez o la poesía de los pueblos que encuentran su voz

Publicado inicialmente en http://proyectoculturalsur.net/celebramos-la-poesia-de-jayne-cortez/

Celebramos la poesía de Jayne Cortez, hoy 8 de marzo, a dos meses de su muerte en Nueva York, repasando algunos hechos de su vida y aludiendo a su legado poético.

La voz erguida de mujer negra que no elude las circunstancias sociales en las que se levanta, hace imposible diferenciar en Jayne Cortez su historia literaria de su vida dedicada a la actividad por la dignidad de las mujeres y de los afroamericanos. Junto a ella y en su momento, las mujeres negras norteamericanas despertaron a la creación y al canto, llamando a las cosas por su crudo nombre cotidiano. Asumieron una estética de la rabia y del rechazo a la opresión, valiéndose de los excesos en el lenguaje y de la pérdida total del pudor en el poema.

Siendo este un tiempo de guerra para Joanne
ella hizo lo que un ministerio de defensa haría
en tiempos de guerra
y cuando el chupameados-huelemierda policía dijo:
voy a hacer que prefieras haber estado muerta puta negra
ven aquí
Joanne le clavó un pica-hielo en
el pecho del perverso SWAT fornicador de su madre
sí en el cuello grasoso de ese policía racista
Joanne ejecutó la danza de los pica-hielos y una vez más
de costa a costa
de casa a casa
celebramos el día del puerco violador muerto
¿y qué otra mierda se supone que deberíamos hacer?

Hacer poesía para una mujer negra en el siglo XX fue un ejercicio de fuerza más que de contemplación. No se arranca una mordaza de siglos con delicadeza.

La activación de una voz poética como instrumento musical sucedió en los poetas de esta generación del Movimiento de las Artes Negras con su sede en Norteamérica, años 60. Ellos incorporaron el subgénero del Spoken word que apropia el componente rítmico y escénico característico del canto, haciendo prevalecer la oralidad en el poema. Jayne se acompaña de  una banda de Jazz, fundada junto a su hijo, el baterista Denardo Coleman, y crea piezas de poesía inseparables de la música, poesía-jazz, con todo la apasionante sinestesia que el hecho suscita.




Si la pasión en la poesía de Jayne está alimentada por la discriminación racial y sexual, no dejan de encontrarse en su poesía profundas vetas de ternura. La sublevación y el erotismo se confirman inseparables. En poemas como Chocolate, las series de sentido se tejen a través de una cadencia que lleva a pensar si hubo alguna vez, acaso, algo negro y sublevado que no fuera dulce: Chococolate /dicen que por tu cuerno abierto lleno de danzantes /llega la risa. Una relación directa queda sellada entre lo universalmente erótico y lo universal revolucionario.

A diferencia de otras creadoras como Nina Simone que decidieron salir de Estados Unidos para escapar a las arbitrariedades y discriminaciones de disqueras y editoriales, Jayne implementó la alternativa de fundar medios propios. Es así como parte de sus 12 libros de poemas publicados y las 9 grabaciones de su poesía-jazz se hicieron posibles a través de Bola Press, su propia editorial.

En 1991, junto a la escritora Ama Ata Aidoo (Ghana), fundó la Organización de Mujeres Escritoras de África, para crear caminos de confluencia y conocimiento entre las africanas y las afroamericanas. No se sabe si es la organización de las mujeres tan precisa para la emancipación del ser humano en general la que se vuelve poesía-jazz, un subgénero de irresistible belleza, en Jayne Cortez o si sucede el fenómeno contrario:



La poeta estuvo en Colombia en 2009, participando en el Festival Internacional de Poesía de Medellín. La página del Festival reproduce sus poemas en el siguiente enlace. Allí también puede encontrarse la magnífica antología de poetas de los cinco continentes que han llegado hasta Medellín en 22 años de Festival.

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/84_85/cortez.html

Siguiendo el enlace a continuación se encuentra una grabación de Jayne Cortez leyendo en Medellín, ese poderoso poema cuyos versos principales quedan sonando en la caja toráxica de la poesía universal, “Encuentra tu propia voz y úsala. Usa tu propia voz y encuéntrala”, dice.

http://www.youtube.com/watch?v=g8BwkXaim44


La voz de Jayne Cortez permanecerá con su preciso encanto y vigorosa composición afirmando las posiciones en el campo de batalla espiritual por la dignidad del ser humano entero. En general, las letras y la música de raíz africana difícilmente desconocen o desfallecen ante la adversidad, antes bien, se elevan como protagonistas de la contradicción activa e inspirada que funda el movimiento espiritual y material, dotando a los pueblos de motivos.

lunes, 31 de diciembre de 2012

APLICA A LOS SERES HUMANOS, TAMBIÉN


APLICA A LOS SERES HUMANOS, TAMBIÉN
Para Alan Turing, a 100 años de su nacimiento

Hiperboloides de luz maravillosa
rodando por su cuenta a través del Espacio y del Tiempo
son puerto para esas ondas que de algún modo podrían
descifrar la sagrada pantomima de Dios. 
Alan Turing

Buscamos la salida al círculo de Dios
Abrimos brecha como ley, rompemos
toda ley 

Nos hallamos contradictorios a él y menos crueles
La vida, servida con el punible y terminal
amor de Dios
es la manzana envenenada que mordimos con la primera 
        inhalación
Tarde o temprano su veneno surte efecto
De la vida nos sabemos inocentes
De la muerte aguardaríamos amnistía

Ante el axioma emponzoñado de Dios nos erguimos 
       originariamente

En hordas en las que pesan los compañeros caídos
más que el paraíso en pedazos 
que recomponemos 
cíclicamente
Vamos formando primero una sombra y luego una costra 
usando cierto magnetismo ilustrado de Dios
hasta que alguno de nosotros se levanta a sí como pontífice 
y comienza a eliminar diferencias

Sobrevienen traiciones en cadena
En nuestros experimentos, tenemos probabilidades superiores a 
       cero de exterminar hasta al olvido
Practicamos la huida del círculo y sólo se nos ocurre primariamente 
       edificar sectas fascistas alrededor
Se activan así los dogmas cuya función es dilatar la influencia 
       del círculo

Somos falibles
La Máquina vino a demostrarlo

Ocupados en descifrar a Dios 
cuando somos el enigma
Nosotros y nuestros juegos metafísicos
que de tanto en tanto devienen máquinas
no ornamentos
y se posan sobre el horizonte 
combustionando para todos

Lo nuestro es la apostasía de los límites
y nos declaramos culpables con fasto

Nuestra sonrisa no pide perdón 
y nuestras manos,
nuestros gestos de discriminados,
nuestras afrentas,
van forzando la eternidad

viernes, 23 de marzo de 2012

Tres poemas (1999)


Hendija

Las salidas, las fugas
esperan para activarse
la seña del humo

El tintero es una lámpara apagada
su centro es la prisión de una ardilla

Las letras operan a capricho
articulando posiciones ilegibles

¿a dónde fueron las ganzúas,
a esta hora,
en la que nadie entra
y quien lo hace,
roba,
y sale sellando cerraduras?

Afuera, el viento ocupa otra cabellera

Las  ¿llamas?
no consumen al viejo cuento
carcelero

¿Embestirá el tren de malditos?
¿Cederá la reja de niebla?

Como lluvia ácida,
¿una Idea devorará
el cubículo?

¿Vendrá el vuelo sin censores
sin radares sin cuerdas?


***

Alcatraz

Pico hacia el mar
con la pasión de las células
pico hacia el mar

Recibo el golpe del agua
Sobreviene fugaz la desaparición

Emerjo. Una vez más, flota
la profundidad, inconclusa.
Perenne, la superficie

Para este ciclo de nacimiento y extinción
¿Dónde se guarda la cura?
Nos ciega la sal en la caída
¿Cuántos signos más son precisos para la comprensión?

¿la flor?

¿Dónde la flor resolutoria que librará del clavado final
que dieron los padres y los padres de los padres
en la densa superficie?


***

T


Inicio
y presencio el surgimiento de T
Una visión de cuerpos enrojecidos en un ámbito oscuro
Un silencio negro envuelve la expulsión de cada T
Madres rojas de cuatro vértices arrojan la T negra
fuera de su perímetro
Las nacidas se alinean a un lado y a otro
siempre toman un cauce lóbrego con prontitud
y se ordenan en él
Van armadas con el orificio y el desgarre
Están marcadas por el sino de la perpendicular
señal de la contradicción que domina los rostros
de la desértica zona donde
las espadas son el único cultivo de cosecha próxima
El pelotón de T marcha en forma de broca
orada y martilla
tira el ancla y taladra
acciona la lógica militar
el ánimo de conquista
la dominación de un pueblo por otro

¿como se rompen las T por venir?

miércoles, 7 de marzo de 2012

Sello de visita

En las cárceles, a los visitantes les ponen sellos en los brazos para diferenciarlos de los presos, en caso de fuga o motín o cualquier tipo de emergencia imaginaria o real. El poeta Clemente Padín y yo haremos este sello. Lo pondremos en los brazos de los asistentes a alguna reunión, repitiendo consignas como las siguientes:

Que desove la poesía en las costas de Colombia.

Genuina libertad de expresión para los colombianos y para todos los seres humanos.

Libertad genuina para los prisioneros políticos y sus sueños.

Libertad a la vida salvaje.

Poesía: genuina libertad.

Poetry: genuine freedom.